Revisiones de artículos

Hace un año, aproximadamente, contactó conmigo de manera informal el director de mi división. Entre otras cosas, él es además uno de los editores de una revista de artículos científicos donde abordan aspectos computacionales (simulaciones, procesamiento, gestión de datos, etc.).

Estoy siendo vago y un tanto ambiguo en esta narración de manera intencionada, ya que ni me parece conveniente dar más pistas de las debidas, ni es en absoluto relevante para la historia.

El caso es que esta pesona contactó conmigo para pedirme que revisara un artículo para su revista. El argumento es que yo era una de las pocas personas que por aquel entonces, dentro de mi división, tenía más experiencia y había navegado más profundamente en la naturaleza, uso y disfrute de cierta tecnología de procesamiento y virtualización. Acepté de muy buen grado, ya que para mí era todo un privilegio hacerlo. Y lo hice, revisé el artículo, proporcioné mis impresiones, y, como no puedo evitarlo, di también una serie de ideas de mejora del artículo en cuestión.

Cuento todo esto porque ayer vi que habían aceptado finalmente para publicación el artículo en cuestión. Entiendo que después de mi revisión, los autores recibieron los comentarios, y pulieron aquello que podían mejorar. Hoy he visto el artículo final. La inmensa mayoría de mis comentarios han sido aceptados por los autores. Siendo, como será en el futuro, un artículo de referencia para esta tecnología, creo que en su forma final es mucho más completo.

Pero lo que más me ha alegrado es el párrafo final, que apenas ve uno en los artículos científicos. Cito:

The authors would like to thank the reviewer for a comprehensive and detailed list of revision recommendations.

¿Es, o no es para sentirse orgulloso?

Por qué me gusta la ciencia ficción

Hace poco una amiga me preguntó si leía mucha ciencia ficción. La pregunta siguiente a ésta, formulada de manera explícita o intencionadamente silenciada pero visible a través de una mirada o un gesto apenas perceptible (como en esta última ocasión) suele ser por qué. Y dado que esta pregunta me la han realizado ya un gran número de personas, creo que es hora de dar una respuesta adecuada y medianamente clara en su formulación y razonamiento. Lo cual, dicho sea de paso, exigirá de una dura reflexión interna.

Antes de nada, debería decir que no sólo leo ciencia ficción. aunque es cierto que en los últimos tiempos esta temática ha cubierto la mayoría de los libros que han pasado por mis manos, ojos y cerebro.

De pequeño leí muchos libros de aventuras. Nada del otro mundo, lo normal en un chaval inquieto que disfruta con la lectura. En cierto momento comencé a leer ensayos, sobre todo de carácter científico y técnico. Recuerdo que mi hermano, estimulado quizá por mi padre, comenzó a coleccionar una serie de libros, todos ellos de naturaleza técnica. La colección se titulaba “Biblioteca de Divulgación Científica Muy Interesante”. La mayoría de los volúmenes tenían cierto contenido científico, antropológico, y algunos incluso filosófico. Hay muy pocos de estos libros que no recuerde con gusto en referencia a lo que disfruté leyéndolos. Posteriormente comencé a leer más y más libros de fantasía y ciencia ficción, a la vez que leía otros con contenido más orientado a la divulgación, en particular a la astronomía y a la astrofísica. He de decir, quizá ya lo sepa el lector, que soy astrofísico de formación, aunque la inmensa mayoría de mi vida laboral la haya invertido en labores relacionadas con la gestión de proyectos y sobre todo con la ingeniería de software.

Fue sin duda a partir del momento en que comencé a leer más y más novelas de ciencia ficción que quedé enamorado. Pero debo hacer una aclaración, que quizá resulte superflua para otros amantes del género. Ciencia ficción no significa exclusivamente, ni mucho menos, navecitas o viajes por el espacio. Ni siquiera vivir en otros planetas, o luchar con especies alienígenas. Aunque también hay mucho de ello, malo y bueno, como en todo.

Pero no. Me refiero a que la ciencia ficción, su historia, su hilo narrativo, puede transcurrir en una sociedad muy parecida a la nuestra. Y en ocasiones indistinguible de ella.

No vaya el lector a pensar que aquellos escenarios espaciales me disgustan, o que los hago de menos en alguna medida. Muy al contrario, son mis favoritos. La astrofísica es una disciplina altamente vocacional, y eso debe dar una pista sobre cuáles son mis preferencias. Naves y cruceros estelares, surcando la inmensidad del cosmos, con la mayoría de sus pasajeros en estasis debido a las enormes distancias y tiempos necesarios para alcanzar su destino. Con la excepción de unos pocos tripulantes, tal vez, artificialmente evolucionados o modificados para soportar física y psicológicamente esas condiciones.

Y sin embargo, como digo, la ciencia ficción no es solamente eso. Por ejemplo, la historia puede tratar de un futuro distópico en el que las sociedades de todo el mundo han entrado en una fractura crítica, bien por la escasez de cualquier tipo de recursos (agua, alimentos, energía, …), bien a causa de una terrible guerra fratricida, bien por la imposición de un sistema de gobierno intrínsecamente autodestructivo. O podemos tener un historia en la que la Humanidad se ha visto escindida en dos o más grupos, regidos por sistemas de gobierno antagónicos, cada uno con sus pros y sus contras. O bien, en efecto, una historia en la que todo transcurre con normalidad para la inmensa mayoría de las personas, salvo para un protagonista o un selecto grupo de actores, que participan en mayor o menor medida de una cadena de acontecimientos que transcurren paralelos al devenir del mundo, ya sea visto desde dentro, o desde fuera, como una suerte de semidioses que resultan espectadores, o incluso experimentadores, ante esa realidad, o que viven en una realidad que trasciende a la que el resto de mortales perciben como real.

Me vienen a la cabeza, mientras escribo esto, títulos que tal vez el lector conozca, como Los desposeídos, de Ursula K. Le Guin; o Informe en minoría de Philip K. Dick, que inspiró la película Minority Report de Steven Spielberg; o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, del mismo autor e inspiradora de la gran película de Ridley Scott Blade Runner; o incluso La máquina del tiempo, obra de H. G. Wells. También algunos títulos de películas que se han hecho más conocidos que las obras literarias de las que tomaban la idea, como Soylent Green, dirigida por Richard Fleischer e inspirada en la novela de Harry Harrison Make Room! Make Room!. En todos estos casos la ciencia ficción no tiene que recurrir a naves espaciales o viajes interestelares para producir su efecto cautivador (en la novela de Ursula K. Le Guin sí aparecen naves espaciales, pero de manera casi anecdótica para el desarrollo de la historia).

Y sin embargo, todas las historia de ciencia ficción, sin excepciones, comparten una serie de características y lugares comunes que son los que a mí me atraen, y que trataré de exponer a continuación.

En primer lugar, se trata de mundos, sociedades, países, planetas o civilizaciones ajenas en todo o en parte a lo que estamos acostumbrados a vivir cada día. He dicho antes que a veces la sociedad de la que se habla puede ser idéntica a la nuestra, lo cual invita a pensar que ahora me estoy contradiciendo. En realidad no hay tal contradicción: incluso en esos casos, el hecho diferenciador, lo que hace que la historia sea un relato de ciencia ficción, puede ser tan extraordinario que todo el universo narrativo que se crea se tiña de una pátina de vida ajena a la nuestra. Ésto me atrae, porque para mí la literatura ha de permitir al lector evadirse de su realidad. Dicho muy brevemente, algo que siempre busco en el relato es que me entretenga, y que me sirva de vía de escape frente a la a veces tediosa realidad. Si la realidad tiene sus miserias, sus banalidades, o su machacona rutina, quiero que el relato de ciencia ficción sea algo más que una constatación de todo lo que la vida ya es, y a poder ser que utilice todo esto para sorprenderme, para hacer que sienta curiosidad por esa otra vida creada.

No es ésta sin embargo la razón fundamental por la que me gusta la ciencia ficción. Lo que caracteriza a mi juicio todos los relatos de ciencia ficción es la exploración del comportamiento humano, y por extensión del comportamiento de la sociedad, ante situaciones límite. Situaciones que de otra manera, sin la ayuda de avances tecnológicos y/o científicos, nos sería muy difícil de abordar. Mediante diversos mecanismos, el uso de nuevos dispositivos, técnicas y tecnologías inventadas, o del uso de artilugios y elementos ya existentes pero extrapolados hasta más allá de sus cometidos y posibilidades, el autor de ciencia ficción enfrenta a la Humanidad a lo desconocido. Esto provoca sin duda una reacción, la aparición de retos, de oportunidades y de crisis identitarias en los personajes y en las sociedades introducidas, más allá de cualquier escenario conocido o planteado previamente. Y queda a la habilidad del autor, y a la imaginación del lector, saber resolver estas cuestiones. La ciencia ficción pone al ser humano cara a cara con sus monstruos, algunos de los cuales no podrían aparecer en las páginas de un libro sin esos elementos de ciencia o tecnología.

Para mí aquí radica la grandiosidad de la ciencia ficción. La ficción literaria en general puede inventar relatos ficticios, elaborar narrativas con personajes inventados o con hechos que nunca acaecieron. Pero la ciencia ficción es capaz de llevar al límite, al mismo borde del abismo, a la Humanidad en su conjunto. ¿No es ese un buen motivo para leer libros de ciencia ficción?

Los propios dioses

Estoy leyendo la novela de Isaac Asimov “Los propios dioses”. Es una novela de momento muy interesante, que casi me da vergüenza confesar que no conocía. En una parte de la misma se intenta dar una visión de una civilización alienígena y sus costumbres sociales, así como su biología, morfología y demás características. Decir alienígena es quedarse un poco corto, porque en realidad estos seres viven en un universo paralelo al nuestro. La descripción que hace el autor y sus esfuerzos por transmitirnos toda una serie de comportamientos, sentimientos, vivencias de estos seres me parecen simplemente grandiosos. Sobre todo teniendo en cuenta la distancia en términos cósmicos que su naturaleza y la nuestra mantienen.

Pero, claro, es Isaac Asimov.

(Publicado el 2017-03-01)

Dios como destino evolutivo

Hay una reflexión muy interesante de Ray Kurzweil acerca de Dios. Dice que aparte de todas las características divinas de índole religiosa, y con independencia de éstas, el concepto de Dios en diferentes culturas, de manera transversal, se asocia siempre con un ente o entidad ilimitada en diversos aspectos: belleza, inteligencia, conocimiento, etc.

Ahora bien, continua el razonamiento, ¿qué ocurre con la evolución del ser humano en esas sociedades? Hablamos de cualquier tipo de evolución: cultural, tecnológica, biológica, … Lo que ocurre con los seres humanos es que aprenden más, adquieren más conocimientos, aumentan su esperanza de vida, son más inteligentes, … De modo que la evolución, en realidad podría ser vista como un acercamiento asintótico, sin llegar a alcanzarlo nunca, a ese ideal de Dios. Un acercamiento exponencial a la esencia divina de la Humanidad.

Este argumento me parece no sólo muy interesante, sino francamente acertado, y en cierto modo motivador.

(Publicado el 2017-02-22)

Winston Churchill

Hace unos días leí en Nature un artículo en el que se hablaba de que Winston Churchill había escrito un artículo muchos años antes de su muerte en el que trataba varios temas de índole científica. En partículas hablaba y reflexionaba Churchill acerca de la posibilidad de que existiese vida en otros lugares de nuestro Universo. El político parece ser que era un verdadero apasionado de los avances científicos y técnicos. De hecho, según menciona el artículo, fue el primer político (entiendo que de occidente) que tuvo un consejero científico.

Un gran tipo, este Churchill.

(Publicado el 2017-02-21)

Horarios nocturnos

Me despierto un gran número de noches a determinadas horas muy características. Quiero decir que me despierto, aún con los ojos cerrados me pongo boca arriba en la cama, abro los ojos, miro a la hora proyectada por nuestro reloj despertador en el techo, y la hora que ve es una hora peculiar. Por hora peculiar quiero decir, por ejemplo, las tres y treinta y tres, las cuatro y cuaterta y cuatro, etc. O quizá esa noche me despierto primero a la una y veintitrés, después más tarde a las dos y treinta y cuatro, y así.

Hoy, sin ir más lejos, me he despertado por primera vez a la una y veintitrés, y la segunda vez me he levantado sin mirar la hora, y a la vuelta me he acostado boca arriba y he pensado, aún sin mirar al techo: “Seguro que son las cuatro y cincuenta y seis”. Y en efecto, era esa hora. No es que esté en la cama esperando a que llegue esa hora, no. Esas son las horas que veo nada más abrir los ojos y mirar hacia arriba.

La hora más habitual, en todo caso y de lejos, es las tres y treinta y tres. Una vez busqué si le pasaba algo parecido a más gente, pero comencé a encontrar páginas en Internet acerca de espíritus, demonios, y otras mandangas similares.

Estoy seguro de que existe una explicación perfectamente racional y comprensible para estos hechos. Pero aún la desconozco. Y estoy realmente intrigado.

(Publicado el 2017-02-21)

Navegantes

Leo en “Los propios dioses”, una de las mejores novelas de ciencia ficción de Isaac Asimov, que tras la instauración de colonias en la Luna algunas muertes se produjeron al intentar establecerse en la Tierra gente nacida en la luna, selenitas de nacimiento. Es claro que esto jamás ocurriría en la realidad, ya que todo estaría previsto de antemano, y los estudios mostrarían los problemas óseos de los selenitas. Por tanto, lo tomo como una licencia literaria del autor, que intentaría probablemente añadir cierto dramatismo a la segregación de la Humanidad en varios planetas.

Y sin embargo, considero muy cierto que aún estamos, y supongo que estaremos durante mucho tiempo, limitados por nuestro propio organismo, por nuestro propio ser biológico. Y no sólo a nivel físico. Es muy probable que no estemos preparados psicológicamente para viajes interestelares, sin la luz del Sol, o para vivir en una planeta extraño sin la presencia nocturna de nuestra Luna.

No obstante, veo inevitable que el ser humano acabe explorando otros mundos. Es posible que solamente una clase de personas sea capaz, al principio, de ser los pioneros en este capítulo de nuestra historia, del mismo modo que no todo el mundo estaba preparado siglos atrás para navegar durante meses o años por los océanos. Un día llegará en el que sea normal para nosotros navegar entre las estrellas.

(Publicado el 2017-02-20)

Francés

Me he apuntado a clases de francés. La verdad es que llevo desde el pasado noviembre. Y se me da fatal.

En el lugar donde trabajo hay una gran cantidad de clubes sociales, a los que se puede apuntar la gente para realizar diferentes actividades. Hay club de running, club de robótica, club de vela, club de golf, de tenis, padel, fútbol… Lo bueno de estos clubes es que la ESA los subvenciona, de manera que el pago que hay que realizar por una cierta actividad siempre es menor al coste que tendría de realizarla fuera del trabajo.

A mí la verdad es que lo que me interesaba era el japonés. Pero no había suficiente gente para formar un grupo de japonés nivel principiante. Me apunté al curso de chino, nivel intermedio, y la verdad es que era estupendo. Pero al ser intermedio, y tener que ponerme al nivel de los demás alumnos, la cantidad de cosas, sobre todo vocabulario, que tenía que aprender era demasiado. Al final abandoné, ya que me causaba demasiada frustración no poder dedicarle el tiempo necesario.

Ahora me he apuntado a francés, y además estamos en el nivel básico, desde el principio. Pero lo cierto es que no me gusta. Nunca me ha gustado. Quizá por eso se me da bastante mal.

Pero voy a darle una oportunidad, porque de momento no me resulta demasiado exigente. El tiempo dirá adonde llegamos con esto. Ya os comentaré.

(Publicado originalmente el 2017-02-06)

Naturalismo en el pensamiento chino

Ayer me llegó un e-mail de una de esas plataformas de cursos online. Últimamente no les hago demasiado caso a estos e-mails, ya que ando más que liado con la casa nueva, la novela nueva, el trabajo nuevo… Pero en el e-mail de ayer vi un curso que me intrigó: Humanity and Nature in Chinese Thought, por la Hong-Kong University. Así que comencé a echarle un vistazo.

El curso dura 8 semanas, y trata esencialmente de dar un repaso al Naturalismo que impregna la filosofía del pensamiento chino, en contraposición al Supernaturalismo del pensamiento occidental. El profesor, en la presentación del curso, sabe como atraer alumnos:

We are going to be presenting a course to you on Chinese Philosophy that focuses on the concept of ‘dao’. This is a concept that we kind of like to think of as the inspiration for the Star Wars idea of the guide that Luke focuses on when he goes to target Darth Vader’s Death Star. Use the force Luke, so follow the ‘dao’ and it will take you to your target. Han Solo treats all of this talk about the force as an ancient, old, weird religion but we’ll see that it’s not really religious but it lies on the boundary between religion and philosophy. It’s a natural scheme of nature’s guidance. Guidance that does not depend on a supernatural force but that we just discover in nature. The practical impact of knowing ‘dao’ is knowing how to do things; knowing how to follow nature’s guiding paths.

Sí, me he apuntado al curso. Ya veremos si lo concluyo, aunque las dos primeras lecciones han sido muy interesantes. Y además, es gratuito.

(Publicado originalmente el 2016-06-16)

Pint Of Science 2016

Este año entré en contacto con un grupo de personas que desarrolla en España el festival Pint Of Science, que lleva unos años celebrándose en varios países…

(Publicado originalmente el 2016-06-15)