Por qué me gusta la ciencia ficción

Hace poco una amiga me preguntó si leía mucha ciencia ficción. La pregunta siguiente a ésta, formulada de manera explícita o intencionadamente silenciada pero visible a través de una mirada o un gesto apenas perceptible (como en esta última ocasión) suele ser por qué. Y dado que esta pregunta me la han realizado ya un gran número de personas, creo que es hora de dar una respuesta adecuada y medianamente clara en su formulación y razonamiento. Lo cual, dicho sea de paso, exigirá de una dura reflexión interna.

Antes de nada, debería decir que no sólo leo ciencia ficción. aunque es cierto que en los últimos tiempos esta temática ha cubierto la mayoría de los libros que han pasado por mis manos, ojos y cerebro.

De pequeño leí muchos libros de aventuras. Nada del otro mundo, lo normal en un chaval inquieto que disfruta con la lectura. En cierto momento comencé a leer ensayos, sobre todo de carácter científico y técnico. Recuerdo que mi hermano, estimulado quizá por mi padre, comenzó a coleccionar una serie de libros, todos ellos de naturaleza técnica. La colección se titulaba “Biblioteca de Divulgación Científica Muy Interesante”. La mayoría de los volúmenes tenían cierto contenido científico, antropológico, y algunos incluso filosófico. Hay muy pocos de estos libros que no recuerde con gusto en referencia a lo que disfruté leyéndolos. Posteriormente comencé a leer más y más libros de fantasía y ciencia ficción, a la vez que leía otros con contenido más orientado a la divulgación, en particular a la astronomía y a la astrofísica. He de decir, quizá ya lo sepa el lector, que soy astrofísico de formación, aunque la inmensa mayoría de mi vida laboral la haya invertido en labores relacionadas con la gestión de proyectos y sobre todo con la ingeniería de software.

Fue sin duda a partir del momento en que comencé a leer más y más novelas de ciencia ficción que quedé enamorado. Pero debo hacer una aclaración, que quizá resulte superflua para otros amantes del género. Ciencia ficción no significa exclusivamente, ni mucho menos, navecitas o viajes por el espacio. Ni siquiera vivir en otros planetas, o luchar con especies alienígenas. Aunque también hay mucho de ello, malo y bueno, como en todo.

Pero no. Me refiero a que la ciencia ficción, su historia, su hilo narrativo, puede transcurrir en una sociedad muy parecida a la nuestra. Y en ocasiones indistinguible de ella.

No vaya el lector a pensar que aquellos escenarios espaciales me disgustan, o que los hago de menos en alguna medida. Muy al contrario, son mis favoritos. La astrofísica es una disciplina altamente vocacional, y eso debe dar una pista sobre cuáles son mis preferencias. Naves y cruceros estelares, surcando la inmensidad del cosmos, con la mayoría de sus pasajeros en estasis debido a las enormes distancias y tiempos necesarios para alcanzar su destino. Con la excepción de unos pocos tripulantes, tal vez, artificialmente evolucionados o modificados para soportar física y psicológicamente esas condiciones.

Y sin embargo, como digo, la ciencia ficción no es solamente eso. Por ejemplo, la historia puede tratar de un futuro distópico en el que las sociedades de todo el mundo han entrado en una fractura crítica, bien por la escasez de cualquier tipo de recursos (agua, alimentos, energía, …), bien a causa de una terrible guerra fratricida, bien por la imposición de un sistema de gobierno intrínsecamente autodestructivo. O podemos tener un historia en la que la Humanidad se ha visto escindida en dos o más grupos, regidos por sistemas de gobierno antagónicos, cada uno con sus pros y sus contras. O bien, en efecto, una historia en la que todo transcurre con normalidad para la inmensa mayoría de las personas, salvo para un protagonista o un selecto grupo de actores, que participan en mayor o menor medida de una cadena de acontecimientos que transcurren paralelos al devenir del mundo, ya sea visto desde dentro, o desde fuera, como una suerte de semidioses que resultan espectadores, o incluso experimentadores, ante esa realidad, o que viven en una realidad que trasciende a la que el resto de mortales perciben como real.

Me vienen a la cabeza, mientras escribo esto, títulos que tal vez el lector conozca, como Los desposeídos, de Ursula K. Le Guin; o Informe en minoría de Philip K. Dick, que inspiró la película Minority Report de Steven Spielberg; o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, del mismo autor e inspiradora de la gran película de Ridley Scott Blade Runner; o incluso La máquina del tiempo, obra de H. G. Wells. También algunos títulos de películas que se han hecho más conocidos que las obras literarias de las que tomaban la idea, como Soylent Green, dirigida por Richard Fleischer e inspirada en la novela de Harry Harrison Make Room! Make Room!. En todos estos casos la ciencia ficción no tiene que recurrir a naves espaciales o viajes interestelares para producir su efecto cautivador (en la novela de Ursula K. Le Guin sí aparecen naves espaciales, pero de manera casi anecdótica para el desarrollo de la historia).

Y sin embargo, todas las historia de ciencia ficción, sin excepciones, comparten una serie de características y lugares comunes que son los que a mí me atraen, y que trataré de exponer a continuación.

En primer lugar, se trata de mundos, sociedades, países, planetas o civilizaciones ajenas en todo o en parte a lo que estamos acostumbrados a vivir cada día. He dicho antes que a veces la sociedad de la que se habla puede ser idéntica a la nuestra, lo cual invita a pensar que ahora me estoy contradiciendo. En realidad no hay tal contradicción: incluso en esos casos, el hecho diferenciador, lo que hace que la historia sea un relato de ciencia ficción, puede ser tan extraordinario que todo el universo narrativo que se crea se tiña de una pátina de vida ajena a la nuestra. Ésto me atrae, porque para mí la literatura ha de permitir al lector evadirse de su realidad. Dicho muy brevemente, algo que siempre busco en el relato es que me entretenga, y que me sirva de vía de escape frente a la a veces tediosa realidad. Si la realidad tiene sus miserias, sus banalidades, o su machacona rutina, quiero que el relato de ciencia ficción sea algo más que una constatación de todo lo que la vida ya es, y a poder ser que utilice todo esto para sorprenderme, para hacer que sienta curiosidad por esa otra vida creada.

No es ésta sin embargo la razón fundamental por la que me gusta la ciencia ficción. Lo que caracteriza a mi juicio todos los relatos de ciencia ficción es la exploración del comportamiento humano, y por extensión del comportamiento de la sociedad, ante situaciones límite. Situaciones que de otra manera, sin la ayuda de avances tecnológicos y/o científicos, nos sería muy difícil de abordar. Mediante diversos mecanismos, el uso de nuevos dispositivos, técnicas y tecnologías inventadas, o del uso de artilugios y elementos ya existentes pero extrapolados hasta más allá de sus cometidos y posibilidades, el autor de ciencia ficción enfrenta a la Humanidad a lo desconocido. Esto provoca sin duda una reacción, la aparición de retos, de oportunidades y de crisis identitarias en los personajes y en las sociedades introducidas, más allá de cualquier escenario conocido o planteado previamente. Y queda a la habilidad del autor, y a la imaginación del lector, saber resolver estas cuestiones. La ciencia ficción pone al ser humano cara a cara con sus monstruos, algunos de los cuales no podrían aparecer en las páginas de un libro sin esos elementos de ciencia o tecnología.

Para mí aquí radica la grandiosidad de la ciencia ficción. La ficción literaria en general puede inventar relatos ficticios, elaborar narrativas con personajes inventados o con hechos que nunca acaecieron. Pero la ciencia ficción es capaz de llevar al límite, al mismo borde del abismo, a la Humanidad en su conjunto. ¿No es ese un buen motivo para leer libros de ciencia ficción?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *